Las migajas decidirán el reparto de la empanada gallega

Pocas veces como en las elecciones gallegas tendrán tanta influencia las minorías políticas. Con un PP que se quedará claramente por debajo del 50% de votos, que la derecha renueve mayoría absoluta en el parlamento gallego dependerá del aprovechamiento de sus votos que haga la fragmentada izquierda  y el galleguismo pero también cuántos votos no se traducen en escaños en el campo españolista y/o conservador en el que además de los populares también compiten UPyD y el SCD de Mario Conde.

La barrera electoral en Galicia, elevada por Fraga del 3% al 5%, ha venido expulsando en los últimos lustros a todos aquellos partidos que no eran PP, PSOE o BNG, pero en esta ocasión el tripartidismo se da por acabado ante la coalición de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) que han formado IU y Anova y otras tres formaciones, las mencionadas UPyD y SCD y los nacionalistas de centro izquierda de CxG, tienen algunas esperanzas de acceder al parlamento y al menos recibirán una cantidad significativa de votos.

Las cuatro circunscripciones gallegas son, por ahora, dado que Feijóo no ha tenido tiempo para modificar la ley electoral, suficientemente grandes como para generar repartos de escaños equitativos una vez superado el listón del 5% regional. Por lo que las únicas papeletas inútiles a la hora de decidir el color del gobierno serán aquellas que no sumen suficiente para convertirse en escaños. Y bien lo saben los partidos, que han decidido sobre la marcha uniones forzosas, como la de los independentistas de Anova y los federalistas de IU, que una vez asegurado -en principio- el 5%, no han querido extender la coalición a una fuerza no anticapitalista como CxG, que se ha quedado plantada en el altar. Tampoco se le escapa la importancia de la cuestión al presidente saliente, que ya ha advertido que cualquier voto que no vaya al PP fomentará un hipotético gobierno de coalición entre socialistas, nacionalistas e izquierdistas.

Así las cosas, al PP le interesa que los partidos de Mario Conde y Rosa Díez o bien fracasen estrepitosamente, o bien den la sorpresa consiguiendo escaños, porque las medias tintas (que obtengan resultados cercanos al 5% pero no obtengan representación en todas o alguna de las provincias) dificultarán muy gravemente su reelección. En la misma tesitura está la izquierda, que requiere un flojo o muy buen resultado de CxG y que la coalición AGE rasque algún diputado en todas las circunscripciones.

Y es que, pese a lo que ha llovido -y más en Galicia- desde 2009, y a pesar del gran incremento de la abstención que prevén las encuestas, la paridad entre bloques ideológicos sigue tan pareja como cuando Feijóo consiguió la mayoría absoluta con justo la mitad más uno de los escaños.

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