El apoyo a los recortes, en juego en Galicia, Euskadi y Cataluña

Galicia, Euskadi y Cataluña, las tres nacionalidades históricas que menciona la Constitución Española celebran elecciones este mes y el que viene, y el debate mediático está centrado en el ‘cleavage’ nacional, por el que se dividen con mayores o menores matices los partidarios de la unidad del Estado y quienes contemplan posibles escisiones. Sin embargo, el resultado de este enfrentamiento ideológico no ofrece ninguna incertidumbre. Es obvio que los partidos nacionalistas van a ser, como siempre, mayoría en Cataluña y Euskadi, y minoritarios en Galicia. Por contra, la aritmética electoral está mucho menos clara en torno al otro gran tema de debate en la actualidad española: las políticas de austeridad.

Asumiendo que el PSOE, desde que está en la oposición, es contrario a los recortes del Gobierno central o al menos los intenta amortiguar en las comunidades en cuyos gobiernos participa, y que el PP no volverá a sostener parlamentariamente a CiU por su deriva soberanista, ninguno de los tres partidos mayoritarios en Galicia, Euskadi y Cataluña tiene asegurados los apoyos necesarios para aplicar los ajustes exigidos por La Moncloa y la UE.

Tal tensión es particularmente evidente en Galicia, donde la reelección de Nuñez Feijóo es planteada, por la oposición, como un plebiscito sobre las medidas adoptadas por Rajoy, o sobre el éxito en la contención del déficit, según la perspectiva del PP gallego. El retraso en las decisión sobre el rescate  contribuye a visualizar las similitudes entre estos comicios y los andaluces de marzo, donde fueron mayoría los críticos con los recortes. La media de las encuestas publicadas da una ligera ventaja a los populares respecto a la suma de las tres fuerzas de izquierdas que conseguirán representación.

La paridad izquierda-derecha también será muy relevante en Euskadi, pues si PNV y PP suman mayoría (38), podría repetirse un escenario como el de estos dos últimos años en Cataluña, en el que los nacionalistas gobiernan en solitario pero reciben de los populares abstenciones cruciales para sacar adelante las cuentas, ajustes incluidos. De lo contrario, y descartada cualquier coalición Bildu-PSOE, sería en los abertzales o en los socialistas en quienes tendrían los jeltzales que apoyarse para gobernar, con lo que el País Vasco seguiría entre las comunidades díscolas con los recortes impulsados por el Gobierno central. En este caso, casi todos los sondeos indican que en el Parlamento de Vitoria sumarán más las fuerzas progresistas que las conservadoras.

De igual forma, en las elecciones catalanas de noviembre, que sin duda alguna ganará CiU y en las que las fuerzas partidarias de celebrar un referéndum sumarán seguro más de los dos tercios del Parlament (mínimo exigido para reformar el Estatut), sí que estará en cuestión que Artur Mas obtenga la mayoría absoluta, lo que le permitiría continuar sus políticas de recorte una vez que ya no puede contar con el PP. Si no alcanza los 68 escaños quizás también pueda apoyarse en Solidaritat Catalana, una escisión de ERC sin más interés que la independencia, que no tiene garantizada la obtención de escaños. Cualquier otra fórmula (pacto CiU-ERC o CiU-PSC) implicaría la modulación de alguno o ambos de los dos ejes del Gobierno de Mas: el esquilado del Estado del Bienestar y el camino hacia la autodeterminación.

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