Por unas elecciones europeas legitimadoras y relevantes

En junio del año que viene se celebran unos comicios europeos que, si no lo remediamos, estarán caracterizados, nuevamente, por una bajísima participación electoral (ya fue del 43% en el conjunto de la UE y del 45% en España en 2009) y por su interpretación en clave nacional sobre el mayor o menor desgaste de los distintos gobiernos estatales.

Con un Europarlamento al que los sucesivos tratados y la neonata Constitución Europea le han dado progresivamente más atribuciones pero que se ha mostrado como un actor absolutamente irrelevante para la toma de las grandes decisiones que Europa, a través del Consejo Europeo y, en menor medida, de la Comisión, ha tomado para afrontar la enorme crisis financiera y económica que padece desde 2007. Los europarlamentarios no fueron siquiera consultados sobre los rescates bancarios, las condiciones impuestas a los países en apuros o la fijación de objetivos de déficit, que han determinado toda la política económica. Con tal bagaje de legislatura será muy complicado convencer a los ciudadanos de la Unión de la importancia de su voto. Máxime cuando el gobierno comunitario que ejerce la Comisión Europea carece de la legitimidad que otorgan las urnas y su principal fuente de representatividad es que cada comisario procede de un país miembro y que el presidente es del partido mayoritario en el Parlamento Europeo, que únicamente tiene potestad para aprobar o rechazar al conjunto de comisarios. Éstos, aunque son escogidos por los gobiernos estatales, no se renuevan al ritmo de las elecciones nacionales.

Por ello, la decisión que parece haber tomado Mariano Rajoy de colocar a la cabeza de la lista electoral del PP para las europeas al futuro miembro español de la Comisión sería una gran noticia siempre y cuando se comprometiera a ungirlo comisario solo si gana los comicios.

Si el conjunto de los gobiernos cedieran esta prerrogativa en favor de sus ciudadanos las elecciones aumentarían su interés, la institución ganaría legitimidad y el proyecto de construcción europea avanzaría. Como la mayoría de países europeos tienen sistemas políticos pluripartidistas y normas electorales proporcionales, el procedimiento más adecuado para no excluir a las minorías sería la elección del comisario, mediante mayoría simple, por y de entre los europarlamentarios electos.

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